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REVISTA LA NACION |
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![]() La segunda noche del Festival Nacional de Folklore tuvo estrenos, aniversarios, homenajes e invitados León Gieco y Abel Pintos, en un homenaje a Jorge Cafrune, en la imagen de fondo Foto: Irma Montiel ¿Quién hubiera sido capaz de pronosticar en 1998 que ese chiquilín llamado Abel Pintos tendría una década después un espacio privilegiado en el Festival de Cosquín? ¿Y que hasta se daría el gusto de volver a cantar con quien lo llevó a ese escenario, León Gieco (quien anteanoche dio un muy buen recital de cierre con homenajes e invitados)? Tal vez, tampoco era fácil imaginar hace diez años que Mínino Garay, un cordobés radicado en Francia, volvería para dar un potente recital, o que una pícara coplera como Mariana Carrizo enmudecería a toda una plaza Próspero Molina con sus versos y, sobre todo, con la calidad de su voz. Además, era poco probable que cuyanos con propuestas tan frescas como la de Tilín Orozco y Fernando Barrientos pudieran retornar a un escenario como éste, con temas con nombres como "Vampiro chupador". Hace una década se hablaba del boom del folklore joven, con Soledad Pastorutti a la cabeza, pero poco se podía vislumbrar de lo que sucedería en el nuevo milenio. Quizás un show central como el de anteayer, con un artista consagrado como León Gieco, era el único pronóstico posible. Cuando mucho se debate acerca de cómo debe ser un festival de música popular, en general, o el folklórico de Cosquín, en particular, tal vez las respuestas estén muchos más cerca de lo que se piensa. Quizá se necesita hacer festivales distintos, con caras que se renueven, no por el simple hecho de cambiar, sino para buscar la evolución. Y sin entrar en rivalidades, aunque, es cierto, el eclecticismo no ayude a conceptualizar el hecho artístico. La variedad se exhibe en una grilla como la de anteanoche, en la que figuraron, por ejemplo, Las Warmis Cantoras, Argentino Luna, el Grupo Vocal Argentino, Dúo Coplanacu, Abel Pintos y Gieco, entre otros. Sergio Galleguillo abrió la segunda noche en tono bien festivalero, con una evocación constante del carnaval y la exaltación de la chaya riojana. Enseguida puso al público de pie y defendió el perfil festivo de los encuentros de música popular. Dos horas más tarde, los Coplanacu recreaban un repertorio en el que predominaban las danzas de zapateo, casi como una extensión de esas jornadas peñeras, que saben protagonizar desde principios de la década del noventa. Mínino Garay se lucía al frente de una muy buena banda. Y el ajustado trío femenino Aymama tenía su oportunidad de ser oído. Y nada de esto anulaba la expresión ancestral del canto con caja que interpreta Mariana Carrizo (en su último show dedicó el repertorio a los pata e lana ) ni a bailarines ganadores del pre-Cosquín (Grito Nativo, de pilchas gauchas y coreografías bien tradicionales, y la pareja Avalos-Soto del Vay, que arremetió con chamamé). Y no nos olvidemos de Abel, que desde su debut buscó nuevos horizontes y fue apartándose de la huella más profunda del sendero folklórico, pero sin perder el espacio que se ganó en este festival y que hoy le sigue ofreciendo muy buenos aplausos. León llegó pasadas las cuatro de la mañana con varios invitados, como es su costumbre. Estuvieron, además de Abel, Franco Luciani, Ana Prada, Mariel Trimaglio, Paola Bernal y un grupo de guitarras y bombo -armado especialmente para esta ocasión- para ayudarlo a llevar adelante una serie de homenajes. El planteo de Gieco fue muy simple y efectivo. A través de un puñado de canciones conocidas rindió tributo a María Elena Walsh, Leda Valladares, Cuchi Leguizamón, Alfredo Zitarrosa, Yupanqui, Choquevilca, Eduardo Mateo, Sixto Palavecino y Tránsito Cocomarola, entre otros. Lo hizo de menor a mayor: comenzó sólo con su guitarra y fue sumando músicos. Recién para el final se dedicó a lo más conocido de su repertorio. "Yo no puedo tocar rock en este escenario", dijo casi como una disculpa. Apenas terminado el show, a las 6 de la mañana, todavía le quedaban ganas de dar una conferencia de prensa junto con sus invitados. Nota: Por Mauro Apicella Enviado especial |